martes, 5 de agosto de 2008

La noche era infinita... y terminó


La frase del título se la he robado a mi amigo Mens0 de su blog.


Hay noches que no deberían acabar nunca, por ley. Pero sí, siempre llega la hora maldita en la que debes abandonar el garito de turno y a la (gran) compañía de turno.


Vas sin dormir al curro pero no importa. Mientras lo pasas mal haciendo todo eso que por pasta te obligan a hacer piensas "que me quiten lo bailao". Y la mañana se te hace más agradable. Aunque las ojeras desemboquen en la comisura de la sonrisa que no puedes quitar de tu cara.

Gracias al ídolo por ser tan grande incluso fuera de sus dominios. Tú no te has caído y me alegra.

Aunque me seguiré poniendo nervioso, seguro.

Gracias, por supuesto a: César Pop, Lichis y, sobre todo, Quique. Siempre grande...

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